La Batalla de Rafia en la Wikipedia

La Batalla de Rafia se encuadra dentro de la llamada Cuarta Guerra Siria, entre Ptolomeo IV del Imperio Ptolemaico y Antíoco III Megas del Imperio Seléucida. Se luchó el 22 de junio de 217 a. C. cerca de la moderna Rafia.

Contenido


Antecedentes

Al llegar la primavera, Antíoco y Ptolomeo ya tenían preparados sus ejércitos y se aprestaron a dirimir sus diferencias en una gran batalla decisiva. El ejército de Ptolomeo partió de Alejandría con unos efectivos de 70.000 infantes, 5.000 de a caballo y 73 elefantes de guerra.
Al tanto de la partida de su rival, Antíoco concentró sus tropas. En total el ejército de Antíoco III constaba de 62.000 infantes, 6.000 de a caballo y 102 elefantes.
Ptolomeo marchó hacia Pelusio donde se detuvo, recogió a los rezagados, distribuyó víveres a su ejército, movió su campo, y avanzó paralelamente al monte Casio y al lugar llamado el Báratro (infierno), debido a que es desértico, lo atravesó en cinco días y acampo a 50 estadios de distancia de Rafia, (25 km de Gaza, en la actual frontera entre Egipto y la Franja de Gaza) que se encuentra junto a Rinocolura, la primer ciudad de Celesiria para los procedentes de Egipto. En el mismo momento, Antíoco se presentó con sus fuerzas, acudió a Gaza, donde hizo descansar a su ejército, y después reemprendió la marcha, lentamente.
Rebasó la ciudad aludida, Rafia, y acampó, de noche, a unos 10 estadios del enemigo. Inicialmente, estaban a esta distancia cuando acamparon unos frente a otros. Pero al cabo de unos días, Antíoco, con una doble intención, ocupo una posición más estratégica para infundir ánimo a sus propias tropas, acercando su campamento al de Ptolomeo, ahora ambos atrincheramientos se encontraban a no más de 5 estadios el uno del otro. Y ya entonces fueron muchos los choques que se produjeron entre forrajeadores y aguadores de ambos lados, al tiempo que se libraban escaramuzas entre ambos ejércitos, tanto de infantería como de caballería.

Preparación de la batalla

Ambos reyes, acampados ya durante cinco días uno frente al otro, estaban dispuestos a decidir por las armas quien era el dueño de la Celesiria, corría el 22 de junio del 217 a. C.
Ptolomeo empezó a hacer salir a sus tropas de su atrincheramiento y así mismo, Antíoco, sacó las suyas para oponérsele. Ambos reyes situaron frente a frente sus falanges con sus tropas escogidas armadas al modo macedonio. Las dos alas de Ptolomeo presentaban el dispositivo siguiente: Polícrates con su caballería, mandaba el ala izquierda. Entre éste y la falange, estaban los cretenses, en contacto con la caballería. Seguía, a continuación la escolta real. Después venían los peltastas de Sócrates y, junto a ellos, los africanos armados al modo macedonio (machimoi-epilektoi). En el ala derecha estaba Equécrates el tesalio con su contingente de caballería propio, a su izquierda formaban los galos y los tracios. A continuación seguían los mercenarios griegos, a las órdenes de Fóxidas, y pegada a ellos la falange egipcia.
En cuanto a los elefantes, había 40 en el ala izquierda, que era donde Tolomeo iba personalmente a combatir; los 33 restantes fueron situados delante del ala derecha, a la altura de la caballería mercenaria.
Antíoco, por su parte, colocó a 60 de sus elefantes, mandados por Filipo (amigo suyo de la infancia) delante del ala derecha, en la cual iba él a pelear contra Ptolomeo. Detrás de los elefantes colocó, en formación lineal, a 2.000 jinetes a las órdenes de Antípatro, y dispuso otros 2.000 que formaron en ángulo recto con ellos. Al lado de la caballería situó, de frente, a los cretenses. Alineó a continuación a los mercenarios griegos, apoyados al igual que el cuerpo armado a la Macedonia, por 5.000 hombres del macedonio Bitaco. Emplazó en el extremo del ala izquierda a 2.000 jinetes a las órdenes de Temiso, junto a estos situó a los cardaces y a los lanceros lidios y, a continuación, la infantería ligera, unos 3.000, a las órdenes de Menedemo. Seguían los cisios, los medos y los carmanios y luego los árabes y sus pueblos vecinos en contacto ya con la falange. Al resto de los elefantes, Antíoco los colocó delante del ala izquierda; los conducía Músico, que antes había sido paje real.

La batalla

Ordenados de esta manera los dos ejércitos, ambos reyes recorrieron sus líneas frontales, acompañados de los oficiales y los cortesanos. Habían depositado sus máximas esperanzas en las falanges y fue ante estas formaciones donde pusieron el máximo ardor en sus arengas. Ninguno de los dos monarcas podía aducir alguna hazaña brillante realizada por él: hacia muy poco tiempo que habían asumido el imperio. Pero, por encima de todo, proponían las máximas recompensas para el futuro tanto a los oficiales como a los soldados, para invitarles y exhortarles, así, que en la batalla inminente se comportaran de manera noble y varonil. Cuando en su marcha, Ptolomeo y su hermana, alcanzaron el extremo izquierdo de toda su formación, y Antíoco, con su escuadrón real, el derecho, se dio la señal de inicio del combate, y los elefantes comenzaron la batalla.
Se dice que antes de la batalla mataron a un perro, debido a que los elefantes africanos no soportan el hedor ni el griterío. Si a esto le sumamos la talla y potencia de los elefantes indios, la mayoría de los elefantes de Ptolomeo se acobardaron ante la lucha y huyeron. Desbaratadas sus líneas, presionaron sobre sus propias formaciones, y entonces la guardia real de Ptolomeo empezó a ceder, oprimida por las fieras, mientras Antíoco desborda con sus jinetes la línea de los elefantes y carga sobre la caballería mandada por Polícrates. Al propio tiempo, delante de la línea de los elefantes, los mercenarios griegos próximos a la falange atacaron a los peltastas de Ptolomeo y los forzaron a retroceder; también los elefantes habían desorganizado por aquí las líneas de estos peltastas. De modo que el ala izquierda de Tolomeo cedió íntegramente.
Equécrates, que estaba al mando del ala derecha egipcia, de momento se limitaba a observar el choque de las alas citadas, pero cuando vio que la polvareda se levantaba en dirección hacia él, y que sus elefantes no se atrevían, ni mucho menos, a atacar a los enemigos, ordeno a Foxidas, comandante de los mercenarios griegos, que acometiera al enemigo que tenia enfrente. Él con su caballería y el contingente apostado detrás, de los elefantes, se puso fuera del alcance de las bestias enemigas; acoso a la caballería rival por el flanco y por la retaguardia y la puso rápidamente en fuga. Fóxidas y los suyos lograron algo semejante, pues cayeron sobre los árabes y los medos, y les obligaron a volver la espalda y a huir atropelladamente. De modo que el ala derecha de Antíoco vencía, pero la izquierda era derrotada.
Entretanto las falanges, que de este modo ya no contaban con la protección de las alas, permanecían intactas en medio de la llanura; sus esperanzas sobre el desenlace final eran inciertas. Antíoco pugnaba todavía para explotar su éxito en el ala derecha; Ptolomeo, por su lado, que se había retirado detrás de su falange, se adelanto entonces por el centro; su aparición llenó de pánico al enemigo e infundió gran empuje y coraje a sus hombres. Andrómaco y Sosibios se lanzaron al instante al asalto con sus lanzas en ristre. Las tropas de elite sirias resistieron algún tiempo; las de Nicarco retrocedieron al punto y se retiraron. Antíoco joven e inexperto, suponía que por haber vencido él en su ala la victoria ya era general, y acosaba a los que huían. Pero al final, uno de los suyos, de más edad, le detuvo, y le hizo ver como la polvareda levantada iba desde la falange hacia su propio campamento.
Antíoco comprendió entonces lo sucedido, e intento correr otra vez al lugar de la lucha con su escuadrón real. Comprobó que todos los suyos habían huido, y entonces se replegó hacia Rafia, convencido de que en lo que dependía de él se había triunfado; la derrota se debía a la cobardía y a la vileza de los demás. De modo que la falange de Ptolomeo, la caballería de su ala izquierda y su cuerpo de mercenarios lograron la victoria y, en la persecución subsiguiente, mataron a muchos enemigos. Ptolomeo se retiró acto seguido y paso la noche en su campamento. Al día siguiente recogió sus muertos y los enterró, despojo a sus enemigos, levanto el campamento y se dirigió a Rafia.

Consecuencias

Después de la fuga, Antíoco quería acampar fuera de esta ciudad, tras haber juntado nuevamente a los que habían huido en grupos. Pero la mayoría se había refugiado en la población, cosa que le forzó a entrar y pasar la noche en la propia ciudad. A las primeras luces del alba hizo salir la parte salvada de su ejército y se dirigió a Gaza, donde estableció su campamento. Desde allí envió legados que trataran la recuperación de sus muertos; logró pactar una tregua para enterrarlos, las bajas de Antíoco fueron poco menos de 10.000 infantería y más de 300 de caballería; y más de 4.000 los prisioneros. Durante el combate perdió 3 elefantes y, posteriormente, se le murieron 2 más a consecuencia de las heridas recibidas en combate.
En el bando de Tolomeo murieron 1.500 hombres de infantería y 700 de caballería: le mataron 16 elefantes y la mayoría de los restantes se los arrebato el enemigo, aunque esto es discutible. Este fue el desenlace de la batalla librada en Rafia entre los dos reyes más poderosos de Asia y África por la posesión de la región de Celesiria.

Resultado

Después de haber recogido a sus muertos Antíoco se retiro a su país con su ejército. Ptolomeo tomó de inmediato Rafia y el resto de ciudades; todas las poblaciones rivalizaban para adelantarse a las vecinas en pasarse a su bando, o reintegrarse a él. Las gentes de estas tierras eran proclives a los reyes de Egipto desde siempre, por lo que parecía natural que se le coronara, hicieran sacrificios y levantaran altares a Ptolomeo.
Así que llego a la ciudad que lleva su nombre, Antíoco envió sin dilaciones, como legados a la corte de Ptolomeo, a su sobrino Antípatro y a Teodoto Hemiolo para negociar un tratado de paz, pues temía una incursión del enemigo, y la derrota sufrida hacia que recelara de su propio pueblo; le angustiaba también la revuelta de Aqueo en Asia Menor, y que no se aprovechara de esta debilidad temporal. Pero Ptolomeo ya no pensaba en nada de esto, antes bien, satisfecho por aquella victoria inesperada y, en suma, por haber adquirido Celesiria sin imaginárselo siquiera, ahora no era contrario a la paz, sino partidario de ella más de lo debido; le arrastraba a ello sin duda su vida siempre indolente y depravada, incapaz de soportar los sacrificios de una prolongada campaña bélica. De modo que, cuando se le presentó Antípatro, primero pronuncio algunas amenazas y reproches por la conducta de Antíoco, pero se ánimo a pactar una tregua por un año y envió a Sosibio, con los embajadores para que ratificaran lo acordado.
Ptolomeo pasó tres meses en Siria y en Fenicia (la Celesiria) para poner en orden las ciudades. Después dejó allí a Andrómaco de Aspendo como gobernador militar de las regiones citadas y partió con su hermana y amigos hacia Alejandría. Había puesto un final a la guerra que resultaba sorprendente a los habitantes de su reino, que no habían confiado en la victoria.
Antíoco, por su parte, se aseguró de la tregua con Sosibio y se enfrasco, según su propósito primero, en sus preparativos contra Aqueo.

Crónica del segundo asalto y definitivo a las murallas de Jerusalen


Vespasiano ha aprendido de los errores del pasado que le recuerdan constantemente las cicatrices de las heridas recibidas en el primer asalto. Ha tenido tiempo de recuperarse y meditar en los errores cometidos
en el primer asalto que tanta sangre costaron.

Es fundamental castigar previamente las murallas con los venablos lanzados por sus escorpiones, es más, hay que enviar a la infantería ligera protegida por los pavés y emplearla en el acoso a distancia de las almenas de forma que la infantería pesada pueda hacer su trabajo.


Los judios observan preocupados la disposición de las tropas romanas frente a sus murallas, no avanzan. Esperan...



Los romanos avanzan por el flanco izquierdo hasta ponerse a distancia de tiro de las murallas, entonces protegidos por los pavés lanzan sus venablos contra los judios que les responden con flechas, piedras y jabalinas.

Las primeras unidades judias empiezan a caer en las almenas, produciendose un intercambio de fuego que favorece a los romanos por la mayor potencia de sus escorpios.

Enardecidos una unidad de auxiliares judios sale de las murallas para acosar a la unidad de tropas ligeras romanas que tiene que retroceder ...


Pero la unidad hebrea expuesta cae diezmada y tiene que retroceder tras las murallas mientras una unidad de zelotes, infantería media judia, toma su puesto en las murallas para asegurar su defensa.



Entonces Curro Vespasiano decide que es el momento de lanzar al ataque a su ala derecha, el ala donde se encuentran sus mejores tropas, la infantería pesada, su unidad de élite: la primera cohorte y él mísmo.
Los hebreos asisten aterrorizados al avance de la mole de madera que se avalanza sobre ellos.


Mientras el intercambio de armas arrojadizas no cesa en el flanco izquierdo romano.


Algunos Fanáticos se suben a las almenas a insultar a los romanos .

Enardecidos el resto de tropas judias se emplea más a fondo en el intercambio de proyectiles, pero salen peor parados las tropas de las almenas que no pueden competir con los escorpiones,



Unidades del flanco derecho romano se acercan también a distancia de alcance de sus jabalinas y comienzan el intercambio con los hebreos de las almenas.

En el intercambio de proyectiles los romanos consiguen limpiar de enemigos algunas secciones de la muralla.

Curro Vespasiano decide aprovechar esa oportunida y lanza una de sus unidades ligeras con escalas a tomar esa sección de la muralla despejada, mientras no deja de avanzar con sus unidades pesadas.
En el intercambio de fuego con los hebreos de la muralla, la unidad pesada que acompaña al comandante romano queda reducida.

Pero la unidad de zelotes que se le enfrentó desde las murallas también ha quedado reducida. Vespasiano decide realizar otro ataque frontal, justo en esa sección de la muralla.


La torre de asalto avanza inexorablemente hasta las murallas, despliega su portón y desemboca por ella una unidad de infantería pesada, lo mejor de los legionarios a las ordenes de Vespasiano.

Mientras la antención de toda la muralla se centra en la torre de asalto, nuevas unidades con escalas acomente la misma intentando aprovechar el momento.

En el fragor del combate el propio Vespasiano se lanza en apoyo moral de sus tropas que diezman a los judios que no estan a su altura para hacerles frente.

Los romanos toman posesión de las murallas del flanco izquierdo judío.



Es el momento de realizar el asalto generalizado a las murallas y terminar de decidir la batalla.

los romanos toman facilmente los sectores de muralla en que las tropas judías han sido diezmadas en el intercambio de proyectiles.


Los romanos se imponen alcanzado los siente estandartes de victoria. Los restos del ejercito hebreo huye y se refugia en el templo. Jerusalen ha caido, las murallas han sido tomadas. Victoria para Vespasiano.

Os dejo aqui elementos de escenografía que he encontrado y que pueden servir de inspiración.

Tienda romana de la legión.

Muralla, torres y puerta de ciudad del mundo antiguo.












Tramo de muralla con más detalle.




















Campamento romano fortificado.










Campamento romano de marcha.


Son preciosos.

Publio Cornelio Escipión el Africano 2/2

Publio Cornelio Escipión el Africano 1/2

Hanibal el peor enemigo de roma 9 de 9

Hanibal el peor enemigo de roma 8 de 9

Hanibal el peor enemigo de roma 7 de 9

Hanibal el peor enemigo de roma 6 de 9

Hanibal el peor enemigo de roma 5 de 9

Hanibal Barca, el peor enemigo de roma 4 de 9

Hanibal Barca, el peor enemigo de roma 3 de 9

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Crónica del primer asalto en el asedio de Jerusalen por Tito Vespasiano.

Las murallas de Jerusalen se levantaban imponentes frente a sus asaltantes, frente a ellas, terreno abrupto que dificulta el avance, y el valle de Kidrón representado por el rio, terreno dificil que enlentecería a las tropas frente a las almenas atestadas de arqueros y honderos prestos a lanzar una lluvia de muerte sobre las legiones.


Vespasiano despliega sus tropas frente a las murallas y la Puerta Este, con los escorpiones en las alas y eb altura , sobre monte,  desde el que alcanzan practicamente todas las murallas.

Los escorpiones romanos, maquinas pequeñas, era la arma más terrible, muy fácil de manejar, lanzaba proyectiles de hierro fino a distancias de 400 metros. Los Legio Scorpio eran los legionarios que las manejaban. Fueron usados por primera vez en el asedio de Avarico, durante las campañas de Julio César. Desde ese momento, cada legión contaba con al menos 40 o 50 legionarios escorpiones.


Entre las tropas desplegadas y preparadas la maquinaria de asedio romana, la torre de asalto y el ariete, dispuestos a lanzarse contra las murallas cuando lo mande su comandante.
Justo en un tramo frente al monte de los olivos, se encuentra una llanura despejada frente a la puerta de la ciudad, parece el lugar lógico para iniciar por ahí el ataque. 


Despliegue romano frente al monte de los olivos con el ariete preparado para avanzar cuando lo ordene Vespasiano.



Los hebreos observan desde sus murallas el despliegue romano y preparan sus flechas y piedras para lanzarlos contra los romanos en cuanto estos se pongan a tiro.


La mayor preocupación de los hebreos son la maquinaria de asedio romana que se despliega frente a ellos.

Honderos y arqueros se preparan.


Vespasiano esta ansioso, sabe que los ojos de Neron estan puestos sobre él, que ha sido "recuperado" de su exilio, por haberse dormido en una de las "actuaciones" del emperador, para hacerse cargo de esta campaña de castigo.

Vista de los escorpiones que lanzan sus dardos sobre las murallas.


Vespasiano lanza a su flanco derecho hacia la sección central despejada de la muralla, quizas en su primer error estratégico, sin esperar a castigar suficientemente con los escorpiones a los defensores de las almenas.

En este flanco se encuentra la elite de sus legiones, la primera cohorte formada por las tropas más veteranas y curtidas.


Vespasiano les asigna a estas tropas veteranas la torre de asalto y avanza con ellos para infundirles con su presencia moral de combate.


La torre de asalto avanza lenta pero inexorablemente hacia las murallas, los defensores lanzan flechas incendiarias contra la torre, pero la protección de la misma confeccionada con cuero húmedo surte su efecto y la protege en su avance.


Los legionarios de la torre de asalto se preparan para lanzar sus pila contra los defensores de las almenas en cuanto se pongan a tiro. 



El comandante judío coloca a las tres unidades de zelotes tras las puertas y la sección de muralla más desprotegidas, preparados para morir antes de ver hollado su templo sagrado por los pies romanos.


La torre de asalto por fín llega a las murallas, despliega su pontón y los legionarios de la primera cohorte se lanza contra los defensores de la muralla, mientras los auxiliares ligeros avanzan protegidos por los pavés para ostigar a los hebreos, intentando dificultar su defensa. El propio Vespasiano avanza protegido por la torre infundiendo animo a los asaltantes.



En el primer ataque los romanos diezman a la unidad auxiliar hebrea que se les enfrenta pero no consiguen eliminarla.


Posteriormente consiguen eliminar a la unidad hebrea, primer estandarte de victoria, y despejan esa sección de las almenas.


El comandante hebreo lanza a una de las unidades zelotes a tapar la brecha abierta en sus murallas intentando contener el empuje romano.


Los judios consiguen eliminar a la primera unidad de la primera cohorte que tomo sus murallas. Vespasiano se ve obligado a mandar a la seguna unidad a la torre, mientras que con otra unidad del resto de cohortes menos veteranas se lanzan contra la puerta.



La unidad de zelotes judia es eliminada por  la segunda unidad de la primera cohorte, pero esta también cae en el combate reñido que se da en las murallas. Dos estandartes de victoria por bando, pero los romanos han perdido a su unidad de elite.

El mismo Vespasiano con ardor se lanza a la muralla con una unidad media intentando con su empuje desequilibrar el combate.


En un primer momento la unidad de zelotes de la izquierda hebrea se ha de refugiar en el templo por el empuje de la unidad romana acompañada por Vespasiano, pero ahora se halla inmersa en la linea judía y rodeada por todos sus flancos.


Los zelotes azuzados por su general y por la posibilidad de matar o capturar al comandante enemigo se lanzan con entusiasmo contra este.

Consiguen eliminar a la unidad legionaria y herir al propio comandante romano que ha de retirarse del campo de batalla, dos estandartes más para los judios, que se ponen cuatro a dos, seis estandartes dan la victoria.

El segúndo al mando el tribuno Cestius intenta reconducir la situación lanzando el ala izquierda romana contra las murallas, les arenga clamando venganza por la sangre derramada de su comandante en jefe.

Los romanos lanzan las escalas y se lanzan a una lucha frenética contra los defensores de las almenas.

Ambos bandos sufren tremendas pérdidas en los combates, pero los romanos se imponen.


Limpian las murallas de enemigos y se hacen con tres estandartes de las tres unidades enemigas abatidas en las murallas. Cinco estandartes a favor de los romanos por cuatro a favor de los hebreos, el equilibrio muestra lo encarnizado del combate.


Los hebreos del flanco derecho romano atacan desde las murallas a la unidad romana más desprotegida, la eliminan e igualan el marcador de la batalla a cinco estandartes de victoria, seis estandartes dan la victoria total en la batalla, victoria que parece al alcance de cualquiera de los dos bandos.


El comandante romano decide jugarsela el todo por el todo avanzando con su ultima unidad de legionarios a las murallas mientras él se queda expuesto en primera linea, pero apoyando con su presencia a esta unidad
expuesta.


La unidad de legionarios en su ataque redece a la mitad los efectivos de la unidad hebrea pero no consigue eliminarla y alcanzar la victoria. En el contraataque judío, estos consiguen eliminar a la unidad romana, con lo que obtienen su sexto estandarte y la victoria total.

El primer asalto a Jerusalen ha sido un fracaso, los romanos con graves pérdidas y Vespasiano gravemente herido recapacitan sobre la batalla. Demasiada impetuosidad, los escorpiones debieron limpiar más las almenas de enemigos antes de lanzarse al ataque, pero las lecciones se aprenden  a costa de sangre y el segundo asalto se perfila en el horizonte. ¿ cómo se terminara saldando este seguno intento ?. Lo veremos ...